dibujos eróticos del gran cineasta ruso Eisenstein

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Sergéi Eisenstein, el cineasta que retrató como nadie la revolución rusa, recaló al sur del Río Bravo con la intención de rodar ¡Que viva México!, un grandioso proyecto que buscaba captar la esencia del país que había asombrado al mundo con su ardiente y caótica revolución.

De aquella estancia han salido a la luz hace poco algunas facetas desconocidas del vanguardista ruso. Entre ellas, su fascinación por el sexo. Una obsesión en Eisenstein que plasmó en una sorprendente serie de dibujos eróticos que se exponen en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y que revelan un alma irreverente y llena de vida.

Eisenstein llegó a México marcado por un sonoro fracaso profesional en Estados Unidos, por los demonios del anticomunismo que ya bullía en Hollywood. El autor de El acorazado Potemkin quiso resarcirse en México con un nuevo rodaje. El proyecto pudo haberse convertido en una obra maestra, pero se quedó sin terminar. La incapacidad de Eisenstein de moderar su autoexigencia artística agotó la paciencia y los fondos de su patrocinador.

Las ilustraciones fueron elaboradas en su mayoría durante su estancia mexicana y descubren la naturaleza blasfema del autor. Monjes y santas, ángeles y profetas se ofrecen sin pudor en el caleidoscopio del sexo creado por Eisenstein, cuyos trazos se ven desbordados por la lascivia,

Los dioses caídos se entremezclan con citas a Verlaine y Rimbaud. Hay calaveras y marineros. Erotómano y místico, Eisenstein dibuja compulsivamente, muchas veces sobre las hojas del Hotel Imperial, donde estaba alojado, para derramar una imaginación que se sentía rechazada y sin hogar. A su muerte, las ilustraciones consideradas obscenas fueron ocultadas por su esposa en el domicilio de su productora. Pasarían décadas hasta que volvieran a la luz. Estas son algunas de ellas